Estos días de vacaciones navideños me dediqué a la vida social, ociosa y contemplativa, nada de limpiar la cocina ni otra serie de cosas aburridísimas que me había apuntado conscientemente -o inconsciente de mí- en una lista. Reconozco que a veces me apetece cambiar el monte por la ciudad, aunque ésto ocurre muy pocas veces, pero ésta fue una de ellas así que me cogí el tren a Madrid con algo de miedo según llegaba, ya que la boina de contaminación que contemplaba desde la ventanilla y que Madrid sustenta es aterradora. Una vez dentro se me olvidó -ojos que no ven, corazón que no siente- y me dediqué a recorrer barrios que hacía años no pisaba.
Siguen allí, desafiando el paso del tiempo. Me alegró ver que estaban aún donde los dejé hace muchos años y que eran reconocibles para mí. Cuando uno vuelve a ver a amigos de la infancia o recorrer lugares que frecuentaba cuando era adolescente o niño se siente con esa misma edad otra vez. Así que me sentía rejuvenecer pero envejida al mismo tiempo. Es una sensación muy extraña. ¿Se puede sentir frio y calor a la vez? ¿Amar a dos personas a la vez y no estar loco?
Quién sabe. Dejando canciones aparte pasé por la puerta de mi antiguo instituto. Yo esperaba verlo reluciente en la actualidad, pues Doña Espe lo seleccionó hace meses para dar cobijo a la élite de Madrid, a los superdotados. Ahora imparten un "Bachillerato de Excelencia". Casi me entra risa al decirlo, nunca lo hubiera esperado. Qué incongruencia. Con las cabezas de chorlito que había allí metidas, incluídas las de algunos profesores. Cosas del destino, que se rie en tu propia cara.
No estaba reluciente ni bonito. La misma fachada pobre y los mismos grafittis en las paredes, si no los de antes, otros. Al menos habían pintado las rayas del patio y habían puesto un cartel indicativo informando de que ahora si estudias allí eres un privilegiado. Hay que joderse, con perdón.
El descampado anexo donde los drogadictos de los 80 se pinchaban, hoy es un parque para niños en el que padres felices ven como sus hijos retozan felices también. No está mal la cosa.
No supe distinguir qué ventana correspondería a mi clase. ¿Sería aquella donde el profesor de lengua nos llamaba gilipollas? ¿Aquella donde nos impartía inglés esa mujer con gafas oscuras que la noche anterior se había pasado con la bebida? ¿O aquella donde la profesora de historia del arte, una mujer gorda con gafas culo de botella, se quedaba petrificada haciendo la postura del egipcio para que aprendiéramos cómo pintaban por aquel entonces, ante la risotada general de mis compañeros? Desde luego que la mujer era un cuadro, tal y como pretendía.
Me dieron tentaciones de ir a buscar una antigua panadería donde nos comprábamos unas palmeras de chocolate inmensas por dos perras, pero me dió miedo, no sea que ahora fuera un banco o una tienda de Adidas y rebosara capitalismo por los cuatro costados.
Decidida a recorrer mis puntos débiles me fui a ver "el Penta", que está a pocos metros de allí. Ese pub tan mítico que menciona mi admirado Antonio Vega en sus letras. Tampoco es una maravilla, más bien es un cuchitril de dos por dos con apariencia de abandono. Otro que sigue en pie con el paso de los años. Qué pena no haber sido un poquito más mayor cuando la movida madrileña paseaba ante mis ojos de adolescente al salir del instituto. ¿Se pincharía Antonio Vega en aquel descampado y jamás me dí cuenta? pensé mientras me alejaba del Penta. ¿O habría sitios con más clase para él? ¿No apareció Enrique Urquijo en un portal en Malasaña? Pues eso, quién sabe de nuevo.
Aún así, aunque me dí de bruces con la realidad cuando llegué del colegio de monjitas con mi impoluto cuasi uniforme, tengo buenos recuerdos de aquellos años. En realidad no sabría decir si la vida ha cambiado a mejor o a peor.
Otro día estuve visitando a una amiga de la infancia en mi antiguo barrio, que es de los barrios más bajos, y pobres de Madrid, también muy golpeado por la droga en los ochenta. Hacía muchos años que no iba por allí y muchos años que no nos veíamos. Otra afloración de sentimientos reencontrados a los que podría dedicar otro capítulo. Ella tiene hoy depresión por motivos personales. Los problemas aumentan a medida que tu edad aumenta, y si no los tienes te los buscas. La cuestión es no ser feliz como cuando éramos niñas y todo nos importaba un pito. Yo solía peinarle una melena muy larga rubia platino que ahora no tiene. Igual que su pelo cambió su personalidad, la expresión de su cara se volvió triste y asustadiza, su sonrisa sólo asoma cuando la fuerzas un poco. En plena conversación me espetó sin venir a cuento: "¿Por qué no me acaricias el pelo?"
Creo que no soy la única que tiene nostalgia del pasado. Definitivamente no sé si es bueno tener tiempo para pensar o son las Navidades las que son una mala época para volver la vista atrás. ¿Quizá la crisis de los cuarenta que ya me llegó?
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15 SE MOJARON:
creo que el (tiempo) pasado esta bien para tenerlo asumido y haber aprendido. la nostalgia me parece patetica (¡que cosa tan horrorosa eso de las fiestas de los 80´s 90´...!). no creo que se tenga que tirar para atras ni para coger carrerilla. "lo hecho no se puede deshacer". siempre para adelante con lo aprendido/vivido en la mochila. y cuando aparezca el the end, a ser posible, que puedas decir que la cosa mejorable pero no ha estado tan mal. lastima que no hya segundas oportunidades (creo).
Oye oye, que las fiestas de aquellos años tenían su puntito!! ;))) Pues a mí me gustaría haber vivido La Movida, sólo me tocó de refilón el final, y de verdad que lo disfruté. A mí la nostalgia no me parece patética, a veces me parece inevitable. Pero sí, siempre mirando hacia delante, por supuesto. A disfrutar de lo que nos queda por vivir.
Saludos!
Vaya, Mamen. Te noto sentimental últimamente, parece que las vacaciones te abren la mente al pasado, pero también a cosas nuevas. Yo soy de los 90, como sabes, y veo que fueron como un intento de continuación de los 80 un poco... pésimo. Pero creo que la nostalgia está bien, nos sirve para poder repetir cosas buenas que en el pasado ayudaron o hicieron felices, a nosotros mismos o a los demás. Como alguien dijo alguna vez (no recuerdo bien): no estés triste porque ya pasó, sé feliz porque ocurrió.
Besetes, Mamentxu :P
Sentimental?? No sé! Los recuerdos que van y vienen, es que el cambiar de decena me va mal, jaja.
El otro día me preguntaron qué edad tenía y eso de decir ya 40, uffff no me lo creo ni yo!
Bsitos Guille!
No creo que lo que sientes sea culpa de la crisis de los 40 ni tampoco entiendo por qué la nostalgia tiene que ser negativa (mucho menos patética), siempre y cuando no te haga quedarte anclado en el pasado.
Al menos a mí me gusta pensar que volver la vista hacia atrás y plantearse preguntas como la que te has hecho tu misma nos ayudan a conocernos un poquito mejor, a descubrir aspectos en los que hemos cambiado y no nos hemos dado cuenta, a recordar aquello que fuimos algún día y compararlo con lo que somos hoy...
En definitiva, siempre que no te haga daño, es un ejercicio muy válido de 'autoreflexión' que deberíamos hacer todos con el paso de los años.
Claro, que no todos vivimos este tipo de cosas del mismo modo.
Muy bien explicado. Estoy de acuerdo contigo Perse. Pero sí, para cada cual la cosa se vive de distinta manera, para eso somos personas diferentes.
Gracias. Besos!!
“¿Se puede sentir frío y calor a la vez?” Buena pregunta Mamen: recuerdo en mi empresa de pintura durante el invierno, cuando hacía mas frío que ahora, estar helado y a la vez sentir un extraño calor, pero solamente en una parte del cuerpo, concretamente en la zona del bolsillo; resulta que el cabronazo de mi compañero de trabajo me metió una colilla encendida dentro del bolsillo del pantalón que se quemaba lentamente como la mecha de los chisqueros, aquellos mecheros de mecha y chispa.
Vaya, quizá no te refirieras a esa sensación, bueno, pero uno que también peca de nostálgico decente y sin complejos como tú, también recuerda momentos no sólo tristes, sino también, los más rebordencos con los amigos.
Anímate mujer, también hay momentos buenos para sonreír; trata de recordarlos Mamen, trata de recordarlos…¿era así…?
No hay crisis de edades si las edades mantienen la ilusión...
Saludos
A mi también me cuesta mucho ir a Madrid los días que no tengo que hacerlo por obligación. Lo peor es que voy por las navidades con mi hija y suele ser el peor momento.
Hay muchas infraestructuras que han mejorado en los 13 años que ya no vivo allí, pero me sobrepasa. Y echo mucho de menos ciertos comercios tradicionales a los que era muy aficionado: ferreterías, jugueterías, algún ultramarinos especial, tiendas de acuarios, papelerías de calidad,...
-Jajaja, Javier me has hecho reir con el "trata de recordarlos" :)))))) Más o menos era así.
Muchas gracias por el comentario! Trataré. Jajaja, saludos!!!
-Hola Jesús!! Sí. El comercio tradicional, pequeño, de barrio, que se va perdiendo. A mí me da pena. Siempre que puedo intento comprar en estos pequeños comercios. Os animo a hacer lo mismo. Con granitos de arena se hace una montaña. Gracias y saludos!
Quizá los recuerdos solo son una manera de mantenernos vivos, conscientes y alerta, una manera de enseñarnos a sobreponernos y a seguir adelante, una referencia para buscar momentos felices incluso en los momentos más tristes, una forma de ver a donde hemos llegado pariendo desde donde partimos. Un mapa de nuestra vida, donde vamos anotando los lugares por donde vamos para no perdernos a la vuelta, para saber a donde ir y qué evitar. Los recuerdos son herramientas, instrumentos, pueden hacer bien o mal según como los utilicemos. Los recuerdos son lo que nos hacen, somos nosotros.
Qué poético y filosófico!
Estoy de acuerdo Mr.
Muchas Gracias. Bsos!
Así que por nuestro barrio de cabecera, ¿eh? Puf, anda que no habré pateado por allí, claro que siempre he vivido al lado, je, je. La de veces que habré ido al Penta, o a la Vía Lactea, que todavia anda por allí. O al inefable Malandro, que ya desapareció, era un garito muy de loros. Dicho lo cual, estoy en buena parte de acuerdo con Jesús. Me ponen de los nervios las fiestas "revival" de los 80. En su momento estuvieron bien, ahora son ridículas. Fueron otros tiempos, pasaron por nosotros y nosotros por ellos. Aunque no se puede evitar ese puntito de nostalgia, creo que cualquier tiempo por venir será mejor.
Abrazos.
Mmmmmmm! Si ya me pareció ver por ahí un loro sobrevolando el parque botella de whisky en ala!!
Jajaja. Bueno, haremos caso de los mayores, pero poco ¿eh? ;)))
Salud amigo!
Volver la vista atrás sobre los lugares en que una vez vivimos siempre causa perplejidad...porque ya no son iguales, ni nosotros tampoco. Ni mejores, ni peores, sólo distintos porque la Vida sigue (¡y no hay que perdérsela!)
Entrañables añoranzas, Mamen.
Exactamente, ni mejores ni peores, solamente diferentes.
Seguro que cuando pase este presente pensaremos que era lo mejor del mundo, y es que como el refrán dice, no sé si erróneamente, cualquier tiempo pasado fue mejor.
;))) Bsos!! Gracias!
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