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Como he comentado en el enlace anterior, este sábado pasado me pareció de lo más mágico. Estuvimos en una zona con una gran riqueza faunística. Vimos corzos, ciervos y jabalíes. Lamentablemente no hay foto de ninguno.
La familia de jabalíes nos la encontramos de sopetón después de ver numerosos indicios de su presencia, sobre todo sus característicos revolcaderos de barro, donde hasta habían dejado la impronta de la huella de su pelaje. Se veía perfectamente el sentido del crecimiento del pelo e incluso algunos pelillos perdidos incrustados en el lodo. Lo que no entiendo es cómo no descubrieron nuestra llegada antes, con lo esquivos que son, pues prácticamente estaban tumbados en el suelo metros más allá, y al toparnos -con susto mutuo- salieron como una bala en todas direcciones. Es cierto que había mucha vegetación, de ahí que ni nos vieran ni les viéramos hasta estar encima pero ¿y su prodigioso olfato? Yo prácticamente no les vi al ir en tercera posición de los cuatro que íbamos en fila india para ir sorteando la vegetación, pero escucharlos lo hice bien, y no me pareció que se alejasen mucho tras el encuentro. Se les oía gruñir y pisotear el suelo. El gruñido supongo que sería la voz de alarma, aviso de huída. Miento si digo que no me invadió ningún temor al tenerlos tan cerca, aunque no he oído a nadie que haya sido atacado por un jabalí.
Quedamos quietos unos instantes sin saber qué hacer, pues no sabíamos si tenían salida más adelante o no, y por eso se habían quedado cerca. Al poco ni un ruido más. Decidimos avanzar y ni rastro.
Llegamos a una peña con unas vistas espectaculares, que por más que intente describir me va a ser imposible, ni siquiera la fotografía le hace justicia. Los buitres volando en la lejanía con el sol reflejando en su plumaje, el rio encañonándose entre paredes calizas, los álamos ya cuasi amarillentos delatando su presencia antes de reparar en el brillo del agua, y los aviones roqueros haciendo acrobacias a toda velocidad sobre nuestras cabezas, a tanta que se les oía cortar el viento. El mismo que nos despeinaba y junto con el sol nos curtía la piel.
De esos sitios donde te das cuenta de lo bella que es la tierra y de que sólo por ver estas imágenes, hinchar los pulmones de aire fresco y disfrutar de este momento merece la pena vivir.
Y aquí llegó el momento más mágico, sobre todo porque lo disfruté en soledad, y eso parece multiplicar su belleza. Sentada en el mirador natural aún observando la bella estampa que describo, apareció de repente un ciervo en la ladera de en frente, a escasos metros, enorme a juzgar por dónde le llegaba la vegetación al lomo, que a mí me llegaba casi por el hombro, precioso, de un color pardo rojizo, con unos cuernos impresionantes. Inmóvil con la esperanza de que no me descubriera disfruté de él unos momentos hasta que se perdió entre la espesura. Nunca he visto un ciervo tan cercano y tan bien visto, y sobre todo tan bonito. Qué ejemplar tan bello. Fue un momento muy mágico, no dispongo de foto al estar sola, lo siento. Mis compañeros que estaban alejados de mí, a los que yo había perdido la pista, también lo vieron, pero les duró menos su visión y no les dió tiempo a obtener documento gráfico. Así son estas cosas, tan breves pero tan maravillosas, para quedar en la retina y en el recuerdo por siempre.
Según fue avanzando la tarde visiones fugaces de corzos que se nos cruzaban en el camino, los astutos duendes del bosque que apenas se dejan ver. Un "plumerillo" blanco por aquí, un salto por allá, pero nada que la cámara tuviera tiempo de captar.
Para terminar el día mágico y nuestra suerte, nos encontramos esta cornamenta de ciervo de 7 puntas que pesa lo suyo. No sé si el propietario la perdería este pasado mes de Targelión como decía Aristóteles (mes de mayo) en su Historia Animalium, que es cuando se produce el desmogue aproximadamente o quizá en alguna primavera años atrás, pues sólo conservaba intactas 5 puntas, las otras 2 a mi parecer estaban mordisqueadas, se notaba marca de dientes. ¿Algún zorro la habría aprovechado como fuente de calcio? ¿Puede ser? Explicadme los entendidos. Se la notaba bastante desgastada, como envejecida.
Pero la magia no había acabado aún, en cuanto oscureció comenzó la berrea. Es la primera vez que la oigo, me encantó, como si estuviera asistiendo a un espectáculo más que la naturaleza nos tenía reservado y sobre lo que versan los vídeos de la entrada anterior.
¡El día tan satisfactorio nos hacía su último regalo!
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